¿Qué tiene el amor que ver con esto?

¡Te amo!” Si el gobierno de cualquier país le pagara a cada ciudadano que pronunciara esta frase durante el transcurso de un día, muchas de las deudas nacionales serían pagadas antes de que la medianoche terminara. No era así hace algunas generaciones. En épocas pasadas, esta frase era difícil de escuchar; sin embargo, las acciones acorde con esa frase parecían haber estado más de moda que lo que sucede en estos días.

En el siglo XXI todos parecen tener una definición propia para la palabra “amor”, desde presentadores reconocidos, así como también una gran variedad de sicólogos y reconocidos íconos del pop. Y es que en una época donde las palabras dicen más que las acciones, es momento para regresar al único que puede verdaderamente definir “amor”; Aquel que lo creó, Aquel que es amor:

  • “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” (1 Co 13:4-8).

Aquí está. Su búsqueda terminó. No necesita seguir buscando. Esto significa que cuando le decimos a alguien, “Te amo”, implica que estamos llevando a cabo en ellos todos los atributos del amor que encontramos en 1ª Corintios 13. ¿Lo estamos haciendo? Tal vez es tiempo de prestarle atención a la exhortación del apóstol Juan en 1ª Juan 3:18: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”

Creo que es momento de empezar a hablar menos y a amar muchos más. Tal vez se sienta animado por las palabras del siguiente poema que escribí hace algunos años:

Ámame, pero no con palabras
Habla de paciencia
Muéstrame prontitud
Habla de bondad
Me muestras mezquindad
Qué desperdicio, qué desperdicio.

“No soy celoso”
Sin embargo, envidias
“No soy jactancioso”
Sin embargo, presumes
“No soy grosero”
“No soy egoísta”
Sin embargo, no es lo que fomentas.

Habla de tranquilidad
Habla de paz
Camina con ira
Camina con furia
Habla perdón
Sin embargo, no cesa
Guarda rencores
Viejo con la edad.

“Odio la injustica”, dices
Sin embargo, la aplaudes
Cada día
“Odio las mentiras”
Sin embargo, las concibes
Solapado intrigas
Y juego sucio.

“Permaneceré contigo a través de esto”
“Cree en ti”
“Y espero lo mejor”
Sin embargo, en el tiempo de angustia
Esto no fue en lo absoluto manifestado.

Por lo tanto, ámame no con palabras
Porque las palabras no permanecerán
Ámame en hecho y verdad
Porque el verdadero amor no fallará.

En respuesta a los dos mandamientos más grandes; amar a Dios y al prójimo (Mr 12:28-31), ¿puede pensar una mejor manera de demostrar ese amor que a través de la proclamación del Evangelio? Mientras que muchos de nosotros ya declaramos nuestro amos por el Señor y nuestro prójimo, ¿con qué frecuencia lo demostramos teniendo el suficiente cuidad para compartir el Evangelio?

Permitamos demostrar, por la gracia de Dios, nuestro amor en obra y en verdad.

 

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CARM ison