¿Quién creó a Dios?

Por, Matt Slick
23 de julio de 2016

La pregunta, “¿Quién creó a Dios?” es hecha tanto por críticos como por curiosos. Algunos la hacen para pretender dejar callados a los cristianos. Otros, tienen curiosidad y quieren saber si Dios tuvo un principio. Pero hablando bíblicamente, Dios es eterno y nunca tuvo principio; no fue creado, y siempre, ha existido.

  • Salmo 90:2: “Antes que los montes fueran engendrados, Y dieras a luz la tierra y el mundo, Desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres ’El”.
  • Malaquías 3:6: “Porque Yo, YHVH, no cambio…”

La perspectiva cristiana, encontrada en la Biblia, nos dice que Dios es el único ser con una naturaleza eterna e inmutable (Salmo 90:2; Malaquías 3:6; Isaías 43:10; 44:6, 8; 45:5). Por lo tanto, Él no tuvo principio. Nadie creó a Dios.

Analizando la pregunta

Al preguntar “¿Quién creó a Dios?” se presenta una implicación de un posible ser que es antes que Dios. Si este fuera el caso, podríamos entonces preguntar, “¿Quién creó al ser que creó a Dios? ¿Y por qué se detuvo ahí?” Podríamos hacer la misma pregunta, una y otra vez: “¿Quién creó a ese dios, y al dios antes que ese dios, y al dios antes que el anterior, etc…?” El problema lógico es que estaríamos dirigiéndonos hacia una regresión infinita de causas, es decir, un dios que creó a un dios anterior, quien a su vez creó al dios anterior, y así continuaría la creación de estos dioses por la eternidad. Es algo similar al conjunto de fichas de dominó donde una obliga a caer la siguiente y así sucesivamente, para siempre. ¿Puede este conjunto de causas volver atrás en el tiempo sin comienzo? No, no puede. Permítanme ilustrar por qué.

El problema con un conjunto infinito de causas

Digamos que existiera una infinita y larga línea de fichas de dominó en una gran e infinita superficie. Usted y yo estamos hablando acerca de los orígenes de Dios y escuchamos el sonido de las fichas cayendo, una después de la otra. Dejamos de hablar y vemos una ficha de dominó derribando a la otra en la medida que la secuencia continúa. Tenemos curiosidad para conocer el origen de la secuencia, así que entramos en nuestra nave espacial súper rápida, y nos dirigimos al origen de la secuencia de estas fichas de dominó. Pero, si esa línea es infinitamente larga (cada ficha representa una causa), entonces, por definición, nunca podremos llegar al inicio, porque no hay inicio. En las fichas de dominó no existe una primera. Y si no existe una primera, entonces, no puede haber una segunda o tercera, o cuarta, y así sucesivamente. Aún más, para que las fichas caigan una detrás de la otra y nos alcancen en nuestra ubicación actual, un infinito número de fichas de dominó se hubieran necesitado para haber sido derribadas y poder llegar hasta donde nos encontramos nosotros ahora. Pero esto no es posible, porque un número infinito de dichas de dominó (lo que implica una distancia infinita y tiempo infinito) se necesitaría para ser cruzado y llegar hasta nosotros. Pero no es posible cruzar una distancia infinita de fichas de dominó; de lo contrario no sería infinitamente largo. ¿Ve el problema?

Vamos a resumirlo. Es imposible para una secuencia infinitamente larga de causas que conduzcan hasta el presente, porque esto significaría que tendríamos que cruzar una cantidad infinita de tiempo para llegar hasta este momento. Pero no es posible cruzar una cantidad infinita de tiempo para llegar a este momento; de lo contrario, no sería una cantidad infinita de tiempo. Por lo tanto, no puede haber un número infinito de causas. Si no hay un número infinito de causas, debe haber un número finito de causas. Si hay un número finito de causas, entonces, hay una sola causa no causada. Y esa causa no causada es Dios. Él no tuvo principio.

Si todo necesita una causa, entonces…

Sin embargo, hay una suposición común derivada de observar nuestro mundo, de que todo alrededor de nosotros tiene una causa. Sabemos que los automóviles fueron causados para que existieran. Sabemos que la ropa también se hace. Sabemos que la vida viene de la vida, que la descendencia viene de los padres, que ellos tienen causas. De esta forma concluimos que todo tiene una causa. Pero como se trató en el punto anterior, un número infinito de causas no es posible. Tenemos que preguntar si es válida la premisa de que, “todo necesita una causa”. Pero como trató una sección anterior de este artículo, no puede ser el caso de que todo necesita una causa.

En el principio

  • Génesis 1:1-3: “En un principio creó ’Elohim los cielos y la tierra. 2 Pero la tierra llegó a estar desolada y vacía, y había tinieblas sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. 3 Entonces dijo ’Elohim: Haya luz. Y hubo luz”.
  • Juan 1:1-3: “En un principio era el Logos, y el Logos estaba ante Dios, y Dios era el Logos. 2 En un principio Éste estaba ante Dios. 3 Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él, nada de lo que ha sido hecho fue hecho”.

Como puede ver, en la Biblia hay dos lugares donde la frase, “en un principio” es usada en el contexto de Dios como Creador. En cada uno, se encuentra implicado “en un principio”, pero no de Dios, sino de la creación. Esto significa que Dios tuvo que haber antecedido la existencia del universo. Pero si Él es antes de la existencia del universo, y el universo funciona dentro de un marco de tiempo, entonces podríamos ofrecer proposiciones acerca de la naturaleza de la existencia de Dios antes del tiempo. Esto, entonces, se extendería al tema de la eternidad. ¿Qué significaría para Dios existir por siempre sin tiempo? No podemos responder a esta pregunta porque somos criaturas que estamos limitadas al mundo material, y operamos en un marco de tiempo al cual, Dios no está restringido.

Por lo tanto, tendremos, naturalmente dificultad en entender cómo Dios pudo ser antes del principio del tiempo y existir también independientemente de este, y lo que podríamos llamar “por siempre” sin tener principio.

Dios existe

 

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