¿Recibió Pablo el evangelio del hombre o no?

    1. 1ª Corintios 15:3-5: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce.”
  1. No
    1. Gálatas 1:11-12: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.”

Muchos han argumentado que existe una contradicción entre 1ª Corintios 15 y Gálatas 1. En 1ª Corintios 15, Pablo recibió un credo, una declaración de fórmula de fe, el cual pasó a los Corintios. Este credo fue probablemente elaborado por varios Cristianos inmediatamente después de la crucifixión de Jesús. Muchos eruditos argumentan que Pablo recibió de igual manera este credo de los apóstoles en Jerusalén (cf. Gálatas 1:2). Sin embargo, en Gálatas 1:11-12, Pablo dice que él no recibió el Evangelio de ningún hombre.

Aquí es importante tener en cuenta un par de observaciones. Primero, mientras que Pablo está pasando una declaración de fórmula de fe en 1ª Corintios 15, la fuente de esta declaración de fe es Jesucristo. Jesús fue el último dador y quien autenticó el credo. De igual manera, Jesús es la última fuente del conocimiento de Pablo de los Evangelios como en Gálatas 1. Por lo tanto, no existe ninguna contradicción entre los dos pasajes.

Segundo,  en el contexto de Gálatas 1 y 2, Pablo visita a Jerusalén al menos, dos veces (cf. Gálatas 1:18-19; 2:1-2ss). En uno de esos viajes, él discutió el contenido de su Evangelio con los apóstoles Pedro y Jacobo en Jerusalén (Gá 2:1ss). Pablo indica que había subido a Jerusalén a exponer en privado el evangelio que predicaba a los Gentiles y que quien había obrado en Pedro encomendándole el evangelio de la circuncisión lo había hecho con él, encomendándole el evangelio para los de la incircuncisión. Por lo tanto, de acuerdo a Pablo no hubo necesariamente una contradicción entre Jesús como la última fuente del Evangelio ya fuera a través un credo o de una revelación directa.

 

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