Reencarnación, liberación, y el valor del cuerpo

Por, Luke Wayne
24 de marzo de 2017

Las doctrinas de la reencarnación o un ciclo perpetuo de renacimiento, son comunes en religiones como el hinduismo, el budismo y muchas sectas espiritistas y el movimiento de la Nueva Era. Mientras que existen muchas variaciones en los detalles, la idea general es que usted ha vivido innumerables vidas en otros cuerpos (de humanos, de animales, tal vez plantas, o fue un dios o un fantasma), y antes que la vida que está viviendo ahora. Un día, este cuerpo morirá y usted reencarnará nuevamente en otro cuerpo como alguien más o alguna cosa más. Este ciclo es considerado como una prisión de sufrimiento de la que debemos de escapar si queremos existir como debemos, unidos a todas las cosas, pero sin cuerpo. Por lo tanto, la vida corporal no es real, cierta o finalmente deseable.

Por ejemplo, el hinduismo enseña que su cuerpo es, en el mejor de los casos, una vestidura vieja que al final, debe ser desechada al final de la vida.1 O bien uno toma un cuerpo diferente por un tiempo a través de la reencarnación, sólo para desecharlo también, o uno finalmente se libera para nunca más tener un cuerpo.2 El yo real es siempre cuidadosamente distinguido del cuerpo. Su cuerpo no es parte de usted, y de hecho, su existencia más auténtica está más allá del cuerpo. El objetivo es dejar de nacer y finalmente librarse de la vida corporal.
El concepto de renacimiento en el budismo es en muchos aspectos muy diferente al pensamiento hinduista, pero en este caso particular, el resultado es el mismo. La idea de la existencia humana individual es considerada como una prisión de sufrimiento de la cual uno debe ser liberado. El ciclo de la reencarnación debe ser roto. Una existencia continúa personalmente corporal es totalmente indeseable.

En el jainismo, una secta oriental pequeña que se separó del hinduismo en aproximadamente el mismo período que el budismo, al cuerpo se le culpa verdaderamente por cometer acciones relacionadas con el karma que mantienen el verdadero yo espiritual (o "Atma") enlazado en el ciclo de la reencarnación. El “verdadero usted”, el Atma, es sólo un “espectador inocente”.3 Explican además que:

  • “El ciclo de nacimiento y muerte se repite a sí mismo una, y otra vez, hasta que el atma se deshaga de todos sus actos y es liberado”.4

Ningún cuerpo particular tiene alguna importancia especial. Usted sólo lo desechará y renacerá en otro cuerpo totalmente diferente. De igual manera, toda existencia corporal reunida no es una cosa valiosa. De hecho, y en cada caso, vemos un punto muy negativo de la existencia física. De hecho, es tal la existencia individual y encarnada, que estas religiones buscan ayudarle a uno a escapar. Estas religiones no están preocupadas principalmente con el perdón de pecados o salvación de un juicio divino justo y recto. Las acciones del cuerpo y los pensamientos de la mente de uno juegan un papel sólo en la medida que sirve a una persona en el ciclo de la reencarnación. La liberación –“salvación” en las religiones re-encarnacionistas– es el objetivo de escapar de la prisión de la vida física encarnada. Incluso, un acto de bondad hacia otro ser físico es, en su corazón, solo un esfuerzo para escapar finalmente de tener que ser tal ser nuevamente.  Estos “caminos hacia la iluminación” ofrecen poco como un medio de escape de nuestra culpa real y objetiva por las cosas equivocadas que hemos hecho. Estos esquivan en gran medida la realidad de nuestra vergüenza y niegan a un Dios santo que juzgará a la humanidad por el mal que hemos hecho. En su lugar, todo el sistema descansa sobre un rechazo fundamental del valor de la vida física.

Sin embargo, el cristianismo cree que el universo físico y todo en este fueron traídos a existencia con un propósito por Dios y declarado bueno. La vida humana es tanto física como espiritual, y no deseamos más separar las dos de lo que separaríamos nuestra carne de nuestra sangre. Para que un hombre esté vivo, debe ser tanto alma y cuerpo. No deseamos ser cortado el uno del otro.

Aún más, el problema en el mundo y la fuente de todo este sufrimiento no es que tengamos cuerpos físicos o identidades particulares. El problema es el pecado. Los malos pensamientos, deseos y acciones han traído el sufrimiento, la corrupción y la muerte al mundo. Nuestra profunda necesidad no es la liberación de la vida encarnada. Nuestra profunda necesidad es la redención de nuestras vidas del pecado y la restauración de este mundo que nuestro pecado corrompió.

La Biblia tiene un punto de vista muy alto de nuestra vida en el cuerpo. De hecho, nuestros cuerpos no son siquiera cosas que simplemente podemos cambiar en el transcurso de las "muchas vidas". Después de la muerte, nuestra esperanza es que Dios nos regrese a la vida en el mismo cuerpo en el que vivieron Adán y Eva. Buscamos la resurrección de nuestros cuerpos, hechos perfectos y con vida eterna. El profeta Daniel escribió:

  • “Y una multitud de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión eterna” (Daniel 12:2).

Y Job expresó:

  • “Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios” (Job 19:26).

Jesús mismo prometió:

  • “No os maravilléis de esto, pues llega la hora en que todos los que yacen en los sepulcros oirán su voz, 29 y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, pero los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio” (Juan 5:28-29).

Y más adelante enfatizó esto en palabras como las siguientes:

  • “Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí, de ningún modo morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

En forma repetida, Jesús afirmó:

  • “Y ésta es la voluntad del que me envió: que todo lo que me ha dado, no pierda Yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero. 44 Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo atrae, y Yo lo resucitaré en el día postrero” (Juan 6:39-40, 44).

El apóstol Pablo también escribió:

  • “Y si el Espíritu del que levantó de los muertos a Jesús vive en vosotros, el que levantó al Mesías de los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que vive en vosotros” (Romanos 8:11).

No tenemos deseo de dejar nuestros cuerpos a un lado. Esto no sería vida, sino muerte. Queremos vida eterna, la cual significa la continuidad de nuestras identidades individuales y la resurrección de nuestros cuerpos físicos. La libertad que Dios nos ofrece no es una liberación de nuestra vida física o existencia personal como un ser humanos. Esto sería un castigo, no una bendición. Más bien, Dios nos ofrece salvación de nuestro pecado.

Somos culpables y merecemos el juicio divino y castigo eterno por lo malo que cada uno de nosotros ha hecho. Jesucristo sufrió la agonía y muerte de cruz para tomar sobre Él mismo esa pena para todos aquellos que se arrepientan y crean. Si nos volvemos en fe a Dios a través de Jesucristo, nuestros pecados son perdonados y nuestra culpa y vergüenza quitadas. La muerte y resurrección de Jesús también aseguran la promesa de que un día, las consecuencias del pecado serán quitadas del mundo, ya sean, dolor, muerte y pérdida. Aquellos que no se arrepientan y crean en Cristo serán justamente enviados al fuego del juicio eterno por sus pecados. Sin embargo, para aquellos que están en Cristo disfrutarán la vida eterna con su Señor en un mundo libre de la mancha destructiva del pecado.

Esta es la única liberación verdadera. Esto es vida. No destrucción del cuerpo y unión con el universo; más bien la perfección del cuerpo y la restauración del mundo. Esta libertad sólo puede llegar al arrepentirse de los pecados y volvernos en fe a Jesucristo para perdón y liberación nuestra a través de Su muerte sacrificial y triunfante resurrección.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. Por ejemplo, lea, Bhagavad Gita 2:22.
  • 2. Por ejemplo, lea, Bhagavad Gita 2:51.
  • 3. Bharat S. Shah, An Introduction to Jainism (Setubandh Publications, 1992) 26
  • 4. Ibíd. 21.

 

 

 

 
 
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