Respuesta a la pregunta: ¿Hay necesidad del bautismo para la salvación?

Por, Mauricio J. Torres M..

Según el evangelista Juan, nuestro Señor Jesús le indicó a Nicodemo que, "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3.5). Tal enseñanza se refiere al misterio mismo de la obra redentora realizada por nuestro Señor Jesucristo. Una vez que, por el pecado, la persona está muerta espiritualmente no basta una tarea de recomposición de su naturaleza caída. Lo que se requiere es que la persona nazca de nuevo, que le sea regenerada en ella la naturaleza con la que fue creada. De hecho, el Apóstol Pablo enseña que quien está en Cristo, "nueva criatura es." (2ª Corintios 5.16).

En la enseñanza a Nicodemo, nuestro Señor se refiere a la obra del Espíritu Santo, quien regenera al creyente y le da nueva vida. Pero, destaca también, en primer orden, el nacimiento de agua. De manera unánime, los estudiosos de la Biblia asumen que con tal expresión el Señor se refiere al bautismo. Henry Alford asegura:

  • "Nacer de agua se refiere a la prenda y señal externa del bautismo —ser nacido del Espíritu a lo que significa, o sea la gracia interna del Espíritu Santo."

La salvación es, desde luego, una obra de gracia; pero no es una cuestión unilateral. No es suficiente con que Dios esté dispuesto a remitir los pecados por la sangre derramada por Jesucristo, su Hijo; se requiere que el creyente exprese de manera pública y suficiente su fe y, por lo tanto, la aceptación que hace de la obra de gracia ofrecida por Dios y su compromiso para vivir en consecuencia.

De acuerdo con la enseñanza paulina, es por el bautismo en agua que estamos en Cristo, que somos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte. Ello se debe al hecho de que en el bautismo morimos a nosotros mismos y renacemos para vivir para Dios (Romanos 6.3-14).

De tal suerte, el bautismo en agua es la expresión contundente de la fe del creyente. A quien no le es suficiente el creer, sino que debe expresar pública y contundentemente tanto lo que cree respecto de la obra redentora de Jesucristo, como lo que se propone hacer en consecuencia.

En este sentido, el bautismo es, además de una ordenanza establecida por el mismo Señor Jesucristo, en razón de su autoridad (Mateo 28.19), un sacramento. Es decir, la señal evidente del que hacer salvífico de Dios, así como de la conversión a él del creyente...La respuesta que da Pedro a quienes habiendo oído las buenas nuevas de Jesucristo preguntaron: "¿Qué haremos?", es sumamente reveladora del propósito, el cómo y la obra del bautismo en agua. En efecto, el Apóstol Pedro exhorta: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Hechos 2.37-38). Lo primero que destaca de tal declaración es el hecho de que la conversión tiene que ver con lo que se piensa y no con lo que se siente. El término usado por Pedro, "metanoeo", se refiere, "a un cambio de opinión o de propósito." Del contexto se desprende que la persona que no está en Cristo simplemente no puede vivir en comunión con él, tener en sí misma el Espíritu Santo de Dios...

De acuerdo con Pedro, es el bautismo el medio establecido por Dios para el perdón de los pecados. Según Pedro, el arrepentimiento no es suficiente; a este ha de seguirle el bautismo en agua. Conviene aquí citar a J. W. McGarvey, quien explica que el perdón de los pecados no tiene que ver con la convicción interior de la persona, sino con la determinación de Dios mismo. Al respecto, McGarvey dice:

  • "Pero el perdón no es un acto que se verifique dentro del alma del culpable; ocurre en la mente del que perdona, y esto no puede ser conocido por quien ha sido perdonado, sino por algún medio de comunicación."

El medio por el cual Dios comunica su perdón es, precisamente, el bautismo en agua. Dado que la Iglesia, el cuerpo de Cristo, es quien lo realiza en el nombre (la autoridad del Señor), la misma tiene el poder para testimoniar que Dios ha perdonado los pecados de quien ha sido bautizado. Es tal sentido que debemos entender lo que Pablo dice a Tito [3.5]: "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo."

En conclusión

El bautismo no SALVA A NADIE; es más que un mero signo de fe y de confesión, destinado solamente a confirmar la fe… pero, el bautismo no da sin más solidez a la fe; la fe no es simplemente resultado natural o fruto automático del bautismo. De ahí la importancia de que quienes han venido a Cristo y creído en su evangelio, se bauticen de manera voluntaria y consciente. As, al nacer de nuevo por el poder de la sangre de Jesucristo, podrán caminar en comunión perfecta con el Señor y se le unirán en la magna tarea de la evangelización y la diaconía, siendo así testigos de Cristo en medio de una generación que vaga sin Dios y sin esperanza. Así se cumplirá en nosotros la promesa de nuestro Señor Jesucristo:

  • "… recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes y los capacitará para que den testimonio de mí en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el último rincón de la tierra." (Hechos 1.8).

 

 

 

 
 
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