¿Se siente consolado?

Por, Matt Slick

  • Santiago 1:2-4: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”

¿Se siente consolado? ¿Se siente seguro en el Señor? Lo esperamos y de hecho, debería. El consuelo y la paz son grandes bendiciones del Señor. Él nos ama tanto que nos ha dado a Su Hijo y enviado el Espíritu Santo el cual es llamado el Consolador (Juan 14:26: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”).

  • Estamos seguros en Él
    • Juan 10:27-28: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
  • Podemos descansar en Él
    • Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
  • No necesitamos estar ansiosos por nada
    • Filipenses 4:6: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”

Contamos con un Dios grande y maravilloso que ha hecho todo esto posible; sin embargo, y algunas veces, el saber que somos consolados y que estamos seguros puede ser un obstáculo. Algunas veces esto nos puede robar nuestra fortaleza y dependencia en Dios. Piense en un hombre que se siente tan cómodo en su vida, con tan pocos problemas que no tiene que hacer mucho y menos, preocuparse acerca de algo. Se relaja y disfruta la vida. También se vuelve débil y dependiente de su rutina y vida. Con demasiada frecuencia, el cristiano que se siente cómodo con su vida, puede también volverse débil y dependiente de la seguridad que le ofrece la vida, en vez de la del Señor. No hay nada malo en buscar y obtener comodidad, pero esa comodidad nos volverá menos dependientes de Dios y hará que nos volvamos despreocupados, aun acerca de los perdidos que nos rodean.

Mientras que los primeros cristianos tenían que confiar en Dios para cada una de sus necesidades, hoy, tanto en Estados Unidos como en la mayor parte del mundo contemporáneo, se han creado muchos cristianos complacientes y perezosos. Esperamos que muchos sean salvos pero parece que la mayoría no han decidido establecerse en las actividades de la iglesia: El servicio dominical, tal vez el de los miércoles también; compartir la fe, orar cuando hay necesidades, etc.; más bien, prefieren disfrutar la vida, ofrendar ocasionalmente, dejar que los pastores y misioneros lleven a cabo la difícil tarea espiritual, etc. De este modo, el llamado de Dios a hacer discípulos de cada nación, es susurro apenas audible, el cual, si es escuchado, solo causa problemas e interrupciones a las comodidades cristianas. ¿Es Ud. uno de esos cristianos? ¿Está tan acomodado en su estilo de vida que no está preocupado por los perdidos; no depende de Dios; ofrenda irregularmente y escasamente busca el rostro de Dios?

Dios nos ha bendecido en Estados Unidos. Tenemos lo mejor de todo y sólo necesitamos comprar a crédito nuestras demandas caprichosas. Tenemos nuestros DVD, aire acondicionado central, todo con control remoto, predicadores bien preparados, cómodas bancas, coros bien entonados, pianos y órganos. Somos bendecidos con los comités, planes y dinero. De hecho, se nos garantiza que podemos encontrar una iglesia que se acomode a nuestras necesidades. Desafortunadamente, y con demasiada frecuencia, los mensajes son placenteros y no hacen que nuestros corazones se duelan por el perdido y menos por el Señor. Esta es una receta peligrosa. Pero esas bendiciones pueden convertirse en maldiciones si debilitan nuestros deseos de vivir para Dios y alcanzar al perdido.

Algunas veces, Dios permite pruebas y tribulaciones en nuestras vidas para hacer que lo busquemos. La lucha tiende a fortalecer nuestra fe porque por medio de la lucha nos volvemos a Dios. Él responde nuestras oraciones y provee para nuestras necesidades, y a su vez, lo alabamos a Él. En este proceso, el Espíritu Santo, el cual vive en nosotros, trabaja poderosamente y lo sentimos enseñándonos, guiándonos y formándonos. Esta es la razón por la que al estar cerca de Dios, estamos alejados del pecado. En la medida en que estamos cerca de Dios, estamos más conscientes de nuestra impiedad. En la medida en que estamos más cerca a Dios, como Él, nos preocuparemos por el perdido. ¿Está alejado del pecado? ¿Está consciente de su impiedad? ¿Está preocupado por el perdido?

Por lo tanto, le pregunto: ¿Ha dejado a un lado el llamado de Dios para que crezca en gracia y santidad y vaya a hacer discípulos a todas las naciones? No estoy hablando acerca de su obligación de ir a la iglesia el domingo y leer la Biblia diariamente. Le estoy hablando de hacer progresos, de buscar activamente a Dios, de estar dispuesto a arriesgarse por Él, pedirle que lo use, que sea formado, etc. ¿Está haciendo eso? Si no es así, tal vez está en la zona de comodidad.

Por lo tanto, ¿qué debemos hacer?

Entienda por favor, que no estoy defendiendo la pobreza y la miseria como una forma de medir la vida cristiana. No hay nada malo con querer estar cómodo, tener dinero, o plasmas con control remoto y carros con aire acondicionado. Deberíamos alabar a Dios por todo eso. Pero necesita preguntarse si se ha familiarizado tanto con su vida tan cómoda y con el estilo de “vida cristiana”, que simplemente ha caído en una rutina, y sin darse cuenta, lo ha inutilizado acerca de las realidades espirituales de la vida cristiana. Si piensa que está volviendo atrás, tengo entonces algunas sugerencias.

Primero: Órele al Señor y pídale que le muestre cuáles son sus pecados. Confiéselos y arrepiéntase de ellos y continúe descansando en Su gracia. Segundo: Lea su Biblia todos los días pidiéndole al Señor que aplique a su corazón lo que lea. Tercero: Pídale a Dios que ponga deseo en su corazón de acuerdo con sus dones espirituales para que no sólo crezca Ud. sino para que ayude en la edificación del cuerpo de Cristo y alcance al perdido. Si no sabe cuáles con sus dones espirituales, pídale a Dios que se les muestre, y Él lo hará. Cuarto: No tenga temor a arriesgarse para el Señor. No tenga temor de incomodarse un poco. Ofrende. Ore. Interceda. Lea la Palabra. Confiese sus pecados. Predique el evangelio.

Recuerde que nuestra vida no es acerca de la comodidad. Es acerca de amar a Dios, amar a otros y predicar la Palabra de Dios.

 

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