Segunda Epístola de Clemente a los Corintios

Segunda Epístola de Clemente de Roma - Resumen y estudio - Patrística

La Segunda epístola de Clemente, también conocida como Secunda clementis o II Clemente, es una obra de la literatura homilética cristiana del siglo II, encuadrada actualmente entre los escritos de los Padres Apostólicos.

Se trata de una obra cuyo título se mantiene por el peso de la tradición, a pesar de ser notablemente equívoco. En contra de lo que enuncia, su autor no es Clemente de Roma.1 Mal puede ser, en consecuencia, su segunda epístola. Pero, además, no se trata ni siquiera de una epístola, sino de una homilía que se supone leída por un presbítero ante su comunidad. Estaríamos en presencia de un escrito que la tradición atribuyó equivocadamente al tercer sucesor de San Pedro.

En lo que se refiere a su datación y autoría, se acepta que fue escrita en el siglo II pero, más allá de eso, no se sabe nada a ciencia cierta.

 

SEGUNDA EPÍSTOLA DE CLEMENTE A CORINTIOS

[El arzobispo Wake es el traductor de esta segunda epístola, que según dice, no tenía tan buena reputación entre los Padres primitivos como la primera. Sin embargo, él la defiende: y en respuesta a aquellos que objetaban a la primera epístola de Clemente que no honraba debidamente a la Trinidad, el Arzobispo presenta ésta, que contiene pruebas de la total creencia del autor en ese particular.]

CAP. I

Que debemos valorar nuestra salvación; y mostrar que lo hacemos con sincera obediencia.

HERMANOS, debemos pensar en Jesucristo como en Dios: y como juez de los vivos y de los muertos; y no debemos menospreciar nuestra salvación.

2 Pues si pensamos1 mezquinamente en él, sólo podemos esperar recibir de él cosas pequeñas.

3 Y si2 hacemos eso, pecaremos; y no3 consideraremos de dónde nos han llamado, ni quién ni adonde; ni cuánto se ofreció Cristo a sufrir por nosotros.

4 ¿Qué recompensa le daremos entonces? ¿O qué fruto que será digno de lo que él nos ha dado?

5 Pues de hecho ¿Cuan4 grandes son esos beneficios que le debemos en lo que a nuestra santidad se refiere? Él nos ha iluminado: como padre, nos ha llamado hijos suyos; nos ha salvado a nosotros que estábamos perdidos y maltrechos.

6 ¿Qué alabanzas podemos ofrecerle? ¿O qué recompensa que responda a lo que hemos recibido?

7 Éramos deficientes en nuestro entendimiento; adorábamos piedras y madera; oro y plata, y latón, las obras de las manos del hombre; y toda nuestra vida no era más que muerte,

8 Y rodeados de oscuridad, y con la bruma que nos nublaba la vista, levantamos los ojos, y gracias a él salimos de la nube que nos rodeaba.

9 Pues tuvo compasión de nosotros, y movido en sus entrañas por nosotros, nos salvó; tras haber contemplado en nosotros muchos errores y destrucción; considerando que no teníamos otra esperanza de salvación, sino a través de él.

10 Pues nos llamó a nosotros que no éramos; y se contentó con sólo darnos el ser.

CAP. II.

1 Que Dios había profetizado a través de Isaías que los gentiles serian salvados. 8 Que eso los debería inducir especialmente a vivir bien: si no seguirán descarriados.

ALÉGRATE, tú estéril, que no has alumbrado, prorrumpe en gritos tú que no has dado a luz; pues aquella que es yerma tiene muchos más hijos que la que tiene marido5.

2 Al decir. Alégrate estéril que no has alumbrado, hablaba de nosotros: pues nuestra iglesia era estéril antes de que esos hijos llegaran a ella,

3 Y también; cuando dijo. Prorrumpe en gritos tú que no has dado a luz; quería decir lo siguiente: Que igual que las mujeres que están dando a luz, no debemos dejar de elevar nuestras plegarias a Dios6 en todo momento,

4 Y en cuanto a lo que sigue, que la que es yerma tiene muchos más hijos que la que tiene marido: fue añadido porque nuestro pueblo, al que Dios parece haber abandonado, ahora, al creer en él, se ha hecho más grande que aquél que parecía tener Dios.

5 Y otra Escritura dice7. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (al arrepentimiento) El significado de lo cual es el siguiente: que aquellos que estaban perdidos deben ser salvados.

6 Pues eso es, de hecho, realmente grande y maravilloso, no reafirmar lo que ya está de pie, sino lo que se cae.

7 Y así le pareció bien a Cristo salvar lo que estaba perdido; y cuando vino al mundo, salvó a muchos, y nos llamó a nosotros que ya estábamos perdidos.

8 Teniendo en cuenta que ha mostrado tan gran misericordia hacia nosotros; y principalmente por eso, nosotros, que estamos vivos, ya no ofrecemos sacrificios a Dioses muertos, ni les rendimos culto, sino que él nos ha llevado al conocimiento del Padre de la verdad.

9 ¿Cómo8 debemos demostrar que realmente le conocemos, sino no negando a aquel por el que hemos llegado a su conocimiento?

10 Pues él mismo dice9, Al que me confiese ante los hombres, yo le confesaré ante mi Padre. Esta es por tanto nuestra recompensa por confesar a aquel por quien hemos sido salvados.

11 Pero, ¿cómo podemos confesarle? —A saber, haciendo aquellas cosas que dijo, y obedeciendo sus mandamientos: rindiéndole culto no sólo con los labios, sino con todo el corazón, y con toda el alma- Pues dijo en Isaías10; Esta gente me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí.

12 No le llamemos Señor únicamente; pues eso no nos salvará. Porque dijo11: No todo el que me dice Señor, Señor, será salvado, sino aquel que actúe con justicia.

13 Por tanto, hermanos, confesémosle mediante nuestras obras; queriéndonos los unos a los otros; no cometiendo adulterio, no hablando mal los unos de los otros, no envidiándonos los unos a los otros; sino actuando con temperancia, misericordia y bondad,

14 Seamos conscientes del sufrimiento ajeno; no codiciemos dinero; confesemos a Dios con nuestras buenas acciones, y no por las contrarias,

15 Y no temamos a los hombres: sino a Dios12. Porque si hacemos el mal, el Señor dijo: Aunque estéis unidos a mí y en mi propio seno, si no cumplís mis mandamientos, os apartaré de mí, diciéndoos13: Alejaos de mí; no os conozco, obradores de iniquidad,

CAP. III.

1 Que mientras consigamos el otro mundo, no debemos temer lo que nos acontezca en este. 5. Que si seguimos los intereses de este mundo. No escaparemos al castigo en el otro. 10 Lo cual nos debería conducir al arrepentimiento y la santidad, 14 y seguidamente: porque sólo en este mundo hay lugar para el arrepentimiento.

POR tanto, hermanos, dejando conscientemente y de buen grado nuestra estancia en este mundo, cumpliremos la voluntad del que nos ha llamado, sin temer abandonar este mundo.

2 Porque el Señor dijo14, Seréis como ovejas entre lobos. Pedro preguntó, ¿Y si los lobos despedazan a las ovejas? Jesús respondió a Pedro, Que las ovejas no teman a los lobos después de la muerte15: Y vosotros no temáis a los que pueden mataros, porque después de eso no pueden haceros nada más; temed al que después de muertos tiene poder para arrojar tanto el alma como el cuerpo al fuego del infierno.

3 Pues tened en cuenta, hermanos, que la estancia de la carne en este mundo, es insignificante, y de corta duración, pero la promesa de Cristo es grande y maravillosa, igual que el resto del reino que ha de venir, y la vida eterna.

4 ¿Qué podemos hacer entonces para conseguirlo? —Debemos16 llevar nuestra conversación con santidad y justicia, y mirar todas las cosas de este mundo como si fueran ajenas a nosotros, y no desearlas. Pues si deseamos tenerlas, nos alejamos del camino de la justicia.

5 Pues esto dice el Señor17, Ningún sirviente puede servir a dos amos. Si por tanto queremos servir a Dios y a Mammón, no nos será de ningún provecho18. Pues, ¿qué provecho tiene ganar lodo el mundo, si se pierde el alma?

6 Este mundo y el venidero son enemigos. Este habla de adulterio y corrupción, de codicia y engaño; pero renuncia a estas cosas,

7 Por tanto, no podemos ser amigos de ambos; sino que debemos decidir y abandonar a uno para disfrutar del otro. Y creemos que es mejor odiar las cosas actuales, por insignificantes, efímeras y corruptibles, y amar las venideras, que son realmente buenas e incorruptibles.

8 Pues, si cumplimos la voluntad de Cristo, hallaremos el descanso: pero si no, nada nos librará del castigo eterno, si desobedecemos sus mandamientos. Pues así dice la Escritura en el profeta Ezequiel19, Si Noé, Job y Daniel se levantaran, no liberarían a los hijos en cautividad.

9 Así, si esos hombres justos no son capaces con su justicia de liberar a sus hijos, ¿cómo podemos esperar entrar en el reino de Dios, sino manteniendo nuestro bautismo sagrado y sin profanación? ¿Y quién seria nuestro abogado, a menos que encontraran que hemos hecho lo que es sagrado y justo?

10 Luchemos, por tanto, hermanos míos, con toda seriedad, sabiendo que el combate está próximo; y que muchos hacen largos viajes para encontrar una recompensa corruptible,

11 Y no todos son coronados, sino sólo aquellos que trabajan mucho, y se esfuerzan gloriosamente. Luchemos, por tanto, para que todos seamos coronados- Corramos por el camino recto, la carrera incorruptible: y pasémosla con grandes marcas, y esforcémonos para recibir la corona. Pero si no todos podemos ser coronados, acerquémonos lo máximo posible.

12 Además, debemos considerar que aquel que lucha en un combate corruptible, si se le encuentra haciendo algo que no es justo, es apresado y azotado, y eliminado de las listas.

¿Cómo creéis que sufrirá aquel que haga algo que no sea propio del combate de la inmortalidad?

13 Así habla el profeta respecto a aquellos que no cumplen20; Su gusano no morirá, y su fuego no se extinguirá; y serán un espectáculo para toda la carne.

14 Arrepintámonos, entonces, mientras estemos aun sobre la tierra: porque somos como barro en manos del artífice, Igual que el alfarero, que si hace una vasija y se le estropea en las manos, o se rompe, la hace de nuevo; pero si ha llegado a meterla en el horno encendido, no puede hacer nada para remediarlo.

15 Así, mientras estemos en este mundo21, debemos arrepentimos de todo corazón de cualquier maldad que hayamos cometido en la carne; mientras tengamos aún tiempo de arrepentirnos, para ser salvados por el Señor.

16 Pues después que hayamos salido de este mundo, ya no podremos confesar nuestros pecados o arrepentimos22 en el otro.

17 Por tanto, hermanos, conservemos la vida eterna cumpliendo la voluntad del Padre, y manteniendo pura nuestra carne y obedeciendo los mandamientos del Señor: pues dice el Señor en el evangelio23, Si no habéis conservado lo pequeño, ¿quién os dará lo que es grande? —Porque os digo, el que es justo en lo poco; también lo es en lo mucho,

18 Esto es, por tanto, lo que dice: mantened vuestros cuerpos puros, y vuestro sello sin mácula, para recibir la vida eterna.

CAP. IV.

1 Nos levantaremos, y seremos juzgados en nuestros cuerpos; por lanío, debemos vivir bien en ellos. 6 para poder, por nuestro propio interés, vivir bien; aunque a pocos parece importarles esto que realmente es para beneficio suyo. 10 y no engañarnos porque Dios ciertamente nos juzgará y nos sentenciará según nuestras obras.

Y que nadie entre vosotros diga, que esta carne no es Juzgada ni resucitada. Considerad en qué fuisteis salvados; en qué prosperabais si no mientras estabais en esta carne.

2 Debemos, por tanto, conservar nuestra carne como el templo de Dios. Porque igual que fuisteis llamados en la carne, iréis a juicio en la carne24. Nuestro único Señor Jesucristo, que nos ha salvado, primero como espíritu, fue vestido de carne, y así nos llamó; de igual modo recibiremos en esta carne la recompensa.

3 Amémonos, pues, los unos a los otros, para conseguir el remo de Dios. Mientras tengamos tiempo de ser sanados, entreguémonos a Dios, nuestro médico, dándole a él nuestra recompensa,

4 ¿Y qué recompensa le daremos? —El arrepentimiento de un corazón puro. Pues él sabe todas las cosas de antemano, y lo extrae de nuestros propios corazones.

5 Alabémoslo, entonces, no sólo con nuestra boca. Sino también con el alma: Para que nos reciba como niños25. Porque el Señor ha dicho26, Son mis hermanos aquellos que cumplen la voluntad de mi padre.

6 D Por tanto, hermanos míos, hagamos la voluntad del Padre, que nos ha llamado a la vida. Busquemos la virtud y alejemos la maldad, que nos lleva al pecado; y huyamos de la impiedad, que los demonios no nos superen,

7 Así, si hacemos lo que debemos para vivir bien, la paz nos seguirá27. ¡Y qué difícil es encontrar un hombre que lo haga! Pues casi todos se dejan llevar por los temores humanos, escogiendo los disfrutes presentes antes que la promesa futura.

8 Pues no saben qué grandes tormentos conllevan los disfrutes presentes; ni qué delicias la promesa futura.

9 Y si únicamente hicieran esto, seria mucho más fácil tolerarlo; pero se dedican a infectar almas inocentes con sus infames doctrinas; sin saber que tanto ellos mismos como los que tos escuchan recibirán una doble condenación.

10 Sirvamos, por tanto, a Dios con el corazón puro, y seremos justos: pero si no le servimos porque no creemos la promesa de Dios, seremos infelices.

11 Pues esto dijo el profeta28; Infelices son los hipócritas y los de corazón indeciso- y también, lo hemos oído hasta en los tiempos de nuestros padres, pero no hemos visto ninguno de ellos, aunque las hemos esperado día tras día.

12 ¡Oh, necios! Pensad en los árboles: tomad la vid como ejemplo. Primero se le caen las hojas; luego brota; después le salen las hojas; más tarde florece; entonces surgen las uvas ácidas; y después les sigue el fruto maduro; del mismo modo mi pueblo ha soportado sus revueltas y desgracias y de aquí en adelante recibirá cosas buenas.

13 Por tanto, hermanos míos, no duden en nuestra mente, tengamos esperanza en que recibiremos nuestra recompensa; pues es justo el que ha prometido dar a cada uno una recompensa acorde con sus obras.

14 Si, por tanto, hacemos lo que es justo a ojos de Dios, entraremos en su reino y recibiremos las promesas29; que ningún ojo ha visto, ni oído escuchado, ni ha sabido el corazón del hombre.

15 Así, esperemos el reino de Dios con amor y justicia; porque no sabemos qué día aparecerá Dios.

CAP.V.

Del reino del Señor. (Un Fragmento)

PUES el Señor mismo, preguntado por cierta persona, ¿Cuándo vendría su reino? Respondió, Cuando dos sean uno, y lo que está fuera sea como lo que está dentro; y el macho con la hembra, ni macho ni hembra.

2 Ahora bien, “dos son uno” cuando nos decimos la verdad uno al otro, y hay (sin hipocresía) un amia en dos cuerpos;

3 “Y lo que está fuera sea como lo que está dentro”; Quiere decir lo siguiente: se refiere al alma como lo que está dentro, y al cuerpo como lo que está fuera. E igual que se ve el cuerpo, mostrad vuestra alma a través de sus buenas obras.

4 “Y el macho con la hembra, ni macho ni hembra”; —quiere decir lo siguiente; llama a nuestra ira el macho, a nuestra concupiscencia la hembra.

5 Así, cuando un hombre ha llegado a un estado en que no está sujeto ni a una ni a la otra (ambas, por el predominio de la costumbre, y una mala educación, nublan y oscurecen la razón),

6 Si no que habiendo disipado la niebla que surge de ellas, y avergonzado, ha unido, con su arrepentimiento, alma y espíritu en la obediencia de la razón; entonces, como dice Pablo, no hay en nosotros ni macho ni hembra.

Fuentes:

 

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