Si aceptamos a Jesús como Salvador, ¿podemos entonces pecar todo lo que queramos?
El ser salvos no se lleva a cabo sólo por recitar algunas palabras especiales. Ni tampoco decimos una frase mágica y somos salvos. O simplemente decimos: “Jesús por favor, perdóname” y de repente todos nuestros pecados son borrados simplemente porque hemos pronunciado alguna frase especial. Esto no se trata de una fórmula para salvación o un proceso de encantamiento que de alguna manera nos limpia y nos permite posteriormente ir a pecar. La Biblia dice: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Ro 6:1-2). Desafortunadamente hay quienes acusan a los Cristianos de tener licencia para pecar. Ante esto, la Biblia dice: “¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes?” (Ro 3:8). Note que Pablo dice que aquellos que acusan a los Cristianos de hacer lo malo están siendo calumniadores.
Al contrario, la salvación es un pedirle a Dios por la limpieza de nuestro pecado, perdón y arrepentimiento de forma que podamos pecar. Esta petición es una confesión con un corazón arrepentido por nuestra desesperanza delante de Dios y una aceptación del sacrificio de Jesús para nuestro beneficio. Esta salvación es simultánea con un arrepentimiento sincero lo cual es un volverse del pecado; más no, el seguir haciéndolo.
Recibir a Jesús en nuestros corazones significa que tenemos que reconocer primeramente que somos pecadores y que somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos o de apaciguar a Dios de alguna manera. Reconocemos delante de Dios que estamos indefensos y que somos merecedores de condenación. Pero con esto, también reconocemos que Jesús es el único que pagó la pena por nuestros pecados. Entendemos que no hay forma posible que podamos hacer las cosas rectas delante de Dios por nuestras propias obras. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador estamos aceptando el llamado al arrepentimiento por nuestros pecados. Dios, entonces, nos llama Sus Hijos: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1:12).
Nuevas Criaturas
Aún más, cuando recibimos a Cristo, somos regenerados, cambiados, nacidos de nuevo. Esto significa que hay algo diferente en nosotros. Algo nuevo nos ha sucedido. Esta es la razón por la cual Jesús dice: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Jn 3:3). Ser nacido de nuevo significa que algo nuevo ha sucedido en nosotros. Este “algo” es el cambio en nosotros, el cual es, el resultado de la regeneración. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Co 5:17). Las cosas viejas eran las pasiones y deseos pecaminosos. La esclavitud en la que estábamos es rota cuando nacemos de nuevo. Aun más, una vez que hemos nacido de nuevo, el Espíritu Santo mora en nosotros, convenciéndonos de nuestros pecados: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” (Jn 16:8). Esta convicción de pecados ocurre en el creyente y es un método que el Señor usa para ayudarnos a dejar de pecar. Cuando no somos salvos somos libres de salir y hacer lo que queramos, lo cual está mal. Pero ahora que somos salvos debemos darle gloria a Dios y demuestra Su obra de regeneración en nosotros en la medida en que nos alejamos del pecado. Esta es la razón por la cual Romanos 6:1-2 dice: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”. Y Romanos 6:15 dice: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.” Y una vez más, en 1ª Corintios 10:31 se dice: “” ¿Cómo podemos darle gloria a Dios si salimos y pecamos? No podemos hacerlo. De hecho, cualquiera que diga que es un Cristiano y continúa en sus pecados sin buscar arrepentimiento y sin convicción, es simplemente, un mentiroso. La Biblia claramente declara: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Jn 2:4-6).
Jesús, dice la Biblia, claramente llevó nuestros pecados en su cuerpo en la cruz (1 P 2:24) y que la salvación es un regalo que recibimos por fe (Ro 6:23; Ef 2:8-9). Cuando aceptamos a Jesús, estamos aceptando Su sacrificio por nuestros pecados, sólo por fe. Estamos creyendo en Jesús sólo para salvación. Cuando esto hacemos, el Espíritu Santo entra a vivir en nosotros. Ya que el Espíritu Santo nos convence de pecado, justicia y juicio (Jn 16:8) entonces, buscamos complacer a Dios y evitar el pecar. Éste, es un resultado natural del ser salvos.
Aceptar a Jesús no significa que podemos ir por ahí pecando en todo momento. Esto significa que le hemos dado la espalda al pecado y que somos nuevas criaturas que sean darle gloria a Dios. Recuerde: no debemos usar la gracia de Dios para seguir pecando.
Escrituras Citadas:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1:12).
“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” (Jn 16:8).
“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Ro 6:1-2).
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Ro 6:23).
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” (2 Co 7:10).
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe.” (Ef 2:8-9)
“que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad.” (2 Ti 2:25).
“quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1 P 2:24).
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