Si Dios no fuera una Trinidad, ¿podríamos ser salvos?

Si Dios no fuera una Trinidad, nosotros no podríamos ser salvos. La razón es simple. Nuestros pecados son contra un Dios infinitamente santo, y nos merecemos por tanto un castigo infinito. Los pecados se relacionan contra quien se ha ofendido. Si bofeteo a un amigo sin razón aparente, él podría molestarse. Si le hago lo mismo al presidente de Estados Unidos, el Servicio Secreto caería sobre mí y estaría en la cárcel. La misma acción obtiene dos resultados totalmente diferentes debidos contra quien se realizó la acción: Una fue contra mi amigo, la otra, contra el presidente de EE.UU. De igual forma, cuando pecamos, lo hacemos contra el Rey Santo del universo y la penalidad es condenación eterna.

No hay forma de que simples humanos puedan satisfacer el juicio infinito de un santo Dios, debido a que somos finitos, imperfectos y pecadores. No somos capaces de hacer suficientes cosas buenas o ser lo suficientemente buenos para hacer las cosas correctas. El único que queda y que es capaz de realizar un acto perfecto de expiación, es, Dios mismo. Por lo tanto, Dios el Hijo vino en la forma de Jesús y llevó la ira de Dios el Padre. Pero esto no hubiera sido posible si Dios no fuera una Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Segunda Persona de la Trinidad se hizo hombre (Jn 1:1, 14; Fil 2:5-8), estuvo sujeto a la Ley (Gá 4:4), llevó nuestros pecados en Su cuerpo en la cruz (1 P 2:24), y llevó nuestros castigo (Is 53:4-6). Si Dios no fuera una Trinidad, esto no hubiera sido posible y no hubiera habido una encarnación total por la cual hizo el sacrificio de Jesús de un valor infinito, el cual, a su vez, satisfizo el juicio de un Dios infinito.

 

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