Si Él lo hizo, ¿por qué no yo?

  • “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” (Efesios 5:1-2).

La declaración inicial se ha escuchado muchas veces, especialmente cuando observas alguna figura conocida, ya sea del mundo del espectáculo, de la política, de los deportes, etc. Y no importa el comportamiento que en la mayoría de los casos presentan esas figuras: adulterio, fornicación, engaño, robo, soborno, depravación sexual, etc. Si observas las noticias, estas presentan amplia evidencia en la vida de esos líderes que “guían” en dirección incorrecta, lo que hace más fácil para quienes quieren imitarlos cometer sus mismos pecados, argumentando: “Si él lo hizo, ¿por qué no yo?

Pero mire el ejemplo de Cristo, y esas mismas palabras harían la pregunta apropiada: “Si él lo hizo, ¿por qué no yo?”: Cristo guardó los mandamientos del Padre siendo obediente hasta la muerte en cruz; por esa misma obediencia Cristo nos constituyó justos; Cristo vino a establecer el Reino de los Cielos teniendo gran misericordia de los que estaban sin pastor, cuidó de los pobres, de las viudas, etc.

En otras palabras, antepuso las necesidades de los demás por encima de las de Él.

Al hacerte tú la pregunta anterior referente a Cristo, otros la harán también referente a ti, porque:

  • “El que dice que permanece en él (en Cristo), debe andar como él anduvo.” (1ª Juan 2:6).

 

 

 

 
 
CARM ison