Si los cristianos no estamos supuestos a guardar la Ley, ¿podemos pecar?

Esta es una pregunta muy común: Si los cristianos no estamos supuestos a guardar la Ley, ¿podemos pecar? Si como dice la Biblia, no estamos obligados a guardar la Ley para ser salvos, entonces, ¿está bien pecar? La respuesta es que no; no debemos pecar. Nuestra salvación no la obtenemos ni mantenemos aunque no tengamos ya que guardar la Ley:

  • Romanos 3:28: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”
  • Romanos 4:5: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.”
  • Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.”

Sin embargo, estudiamos la Ley como una guía moral por la cual conducirnos. De hecho, Jesús resumió esto cuando nos mencionó las dos leyes que estamos supuestos a guardar:

  • Mateo 22:36-39: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Aunque no estamos bajo las leyes del antiguo pacto (Antiguo Testamento) en un sentido estricto porque hemos muerto a la Ley, (Romanos 7:6: “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”), estamos bajo la ley de un nuevo pacto (Nuevo Testamento), la del amar a Dios y a nuestro prójimo. Cuando cumplimos esta ley, vamos a cumplir la Ley en su totalidad. En otras palabras, amar a Dios significa que debemos en forma apropiada mostrar respeto, adoración y honrar a Él. De igual manera si amamos a nuestro prójimo como Jesús nos ordena, entonces, no mentiremos, robaremos o codiciaremos lo de nuestro prójimo. Por lo tanto, en ese sentido estamos bajo la obligación de guardar la ley; sólo la ley del amor.

Debido a que este es el caso, no somos libres de pecar porque hacerlo violaría el mandamiento que Cristo nos dio; el de amar a Dios y a nuestro prójimo. Por lo tanto, los cristianos no son libres para pecar. Hemos sido librados de las restricciones de la Ley pero estamos en cierto sentido obligados a guardar la ley del amor.

 

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