Si somos hechos a la imagen de Dios, ¿por qué somos diferentes a Él en muchas formas?

Por, Matt Slick

Ser hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26) significa que tenemos ciertas características que Dios tiene y que nos han sido dadas. Así por ejemplo, si Dios ama (Juan 3:16), nosotros también podemos amar. Mientras que Dios razona (Isaías 1:18), nosotros también podemos razonar. Así como Dios es consciente de Sí mismo, nosotros también. Reflejamos el carácter y naturaleza de Dios de muchas formas. Pero, si somos hechos a Su imagen, ¿por qué somos diferentes a Él, en muchas formas?

Somos diferentes a Dios en muchas áreas:

  1. Dios es independiente del universo; nosotros no.
  2. Dios existe antes del mundo creado; nosotros no.
  3. Dios existe en todo lugar en todo tiempo; nosotros no.
  4. Dios posee todo conocimiento; nosotros no.
  5. Dios es santo y no hace nada equivocado; nosotros sí hacemos cosas equivocadas.

Existen otras áreas que demostrarían las diferencias entre Dios y nosotros; pero estas, son suficientes para esta discusión. Ontológicamente, somos diferentes a Dios. Esto significa que somos diferentes a Él por naturaleza. Somos diferentes a Dios en nuestra práctica. Mientras que Dios es santo y no peca; nosotros no somos santos y pecamos con frecuencia. Además, el amor de Dios es perfecto; pero el nuestro, no lo es.

Por lo tanto, nuestras diferencias son tanto ontológicas como vivenciales. Pero tal vez, este último tema es el más cuestionado. Si somos hechos a la imagen de Dios, ¿por qué entonces somos tan diferentes a Él en tantas cosas? ¿Por qué las personas tienen tantas y diferentes creencias religiosas, ideas tan radicalmente diferentes de lo que es verdadero, tantos conceptos morales, prácticas diferentes y expectativas diferentes?

La respuesta es, que Dios nos ha dado la capacidad de pensar por nosotros mismos y actuar de una forma libre. Además, y debido a que todos hemos pecado (Romanos 3:23), y debido a que el pecado ha hecho su efecto en nuestros cuerpos y mentes, el resultado es que no seremos consistentes con la forma como estamos supuestos a vivir delante de Dios y entre nosotros mismos. El pecado es algo así como una llave que ha sido echada en la maquinaría haciendo las cosas caóticas. Es como agregar caos a la armonía. Y esto, es lo que nos hace tan diferentes a Dios en nuestra práctica. El pecado nos separa de Dios (Isaías 59:2), y nos enceguece a la verdad de quién es Dios (Romanos 1:28).

Por lo tanto, somos diferentes a Dios de muchas maneras, particularmente en nuestras costumbres, porque hemos caído de Su santidad y tenemos el efecto caótico del pecado, el cual influye en todo lo que hacemos y creemos. Por lo tanto, no sólo tendremos conflictos entre nosotros, sino que también actuaremos de una forma que es muy diferente a Dios.

 

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