Sin dinero, y mi hijo Jacob, deformado en el vientre

Por, Matt Slick

En estos momentos, mi hijo Jacob tendría más de siete años, pero él murió al momento de su nacimiento. Jacob tenía holoprosencefalia, una deformidad genética que ocurre una vez cada 58.000 nacimientos. El resultado fue que él tenía un cerebro sustancialmente subdesarrollado. Sus pulmones tampoco estaban en buen estado, su pulgar estaba separado, su rostro ligeramente deformado y había también otra serie de problemas.

Tres meses antes de su nacimiento, descubrimos que Jacob no sería un niño normal. Todavía  recuerdo estar sentado en la oficina de la doctora con mi esposa cuando nos dieron la noticia de que nuestro segundo hijo era deforme. Mi esposa y yo nos agarramos de las manos en actitud seria y pasiva, recibimos esta noticia la cual trastorna vidas. La consejera fue muy dulce y amable. Cuando terminó de darnos las malas noticias, los tres estuvimos sentados en silencio por varios minutos. Después, brotaron las preguntas: ¿Moriría en el vientre? ¿Podía vivir por sí mismo? Si sobrevivía, ¿Cómo sería su vida? ¿Sería un vegetal? La consejera nos dijo que él tenía una muy buena oportunidad de vivir hasta el nacimiento, pero que después y debido a sus pulmones dañados e insuficiencia cerebral, sus probabilidades de morir inmediatamente eran del 100%. Sin embargo, existía una posibilidad de que pudiera vivir. Si él vivía, se pasaría su vida postrado en una cama, sin poder jamás caminar y hablar, y que seguramente nunca sabría de su propia existencia. Entonces, ella, en forma gentil y bondadosa nos preguntó que si queríamos abortar al bebé. Sin dudarlo ni un instante, ambos respondimos que no. Y nunca jamás se volvió a hacer esa clase de insinuación.

Claro está y que debo confesar que no me gustó la idea de tener que cuidar a un hijo con esos problemas tan complicados. Pensaba cómo esto me iba a afectar y cuán difícil sería para mi vida. Debido a estos pensamientos, tuve entonces que luchar contra el sentimiento de culpa de mi propio egoísmo y falta de amor. Ser enfrentado y sopesar las opciones de ser “incomodado” y cuidar de un hijo con tan profundas necesidades y comparar esto con mi fuerte compromiso a Cristo, puso, delante de mí una realidad incomoda. En breve, me convertiría en un egoísta. Pero este, es uno de los “beneficios” de nuestras tribulaciones: Estas nos muestran de lo que estamos verdaderamente hechos.

El aborto, simplemente era un tema que no consideraríamos. Íbamos a tener el niño. Así, que mi esposa y yo hicimos lo que sabíamos hacer. Oramos. Le pedimos al Señor que sanara a Jacob y que nos mostrara Su poder para ver Su gloria en la sanidad de nuestro hijo. También oramos para que si Jacob sobrevivía y no era sanado, que el Señor nos diera la fortaleza y amor para cuidar de él tanto como fuera necesario. Oramos y también lo hicieron los miembros de nuestra iglesia. Y esperamos.

El Señor no sanó a Jacob.

Algunos de mis cuñados no cristianos me dieron a entender en forma educada que debíamos abortar a Jacob. Estaban molestos de que continuáramos con la idea del nacimiento; permitiendo que mi esposa tuviera que sufrir el dolor del parto para a dar a luz a un niño que a la larga moriría. Además de esto, estaba el evento doloroso del funeral. No tenía suficiente dinero para sostener a un hijo con estas condiciones si sobrevivía, y menos pagar por un funeral. Para colmo, mi ingreso neto de ese año iba a ser solamente de $16.009. Tenía una esposa, una hija y prestamos de estudio que tenía que pagar. Lógicamente, el aborto parecía ser la solución lógica. Para los familiares de mi esposa, llevar a cabo este embarazo hasta el nacimiento era algo que no tenía sentido.

El Señor empieza a proveer

Debbie fue mandada por el Señor. En ese tiempo, ella era miembro de la iglesia donde yo era asistente del pastor. Cuatro años antes, ella había ayudado a otra pareja a tratar con el mismo tema: un “niño hueco”. Así que ella tenía la información relacionada con esa clase de niños, que incluía, promedio de supervivencia, fotografías, estadísticas y algo muy especial: amor. Sin egoísmo, ella nos dio su tiempo, nos autorizó a que la llamáramos en cualquier momento que quisiéramos y que se sentaría con nosotros cuando las lágrimas nos inundaran en la medida en que discutíamos los eventos que habrían de venir. Y si el amor y paciencia de ella no eran suficiente, nos ofrecía también su trabajo: el de ser enfermera. De hecho, ella trabajaba en el hospital donde pensábamos tener a Jacob. Le preguntamos si iba a estar con nosotros en el momento de su nacimiento y ella accedió amorosamente. Debbie le dio calor a nuestros corazones al ser bendecidos por su cuidado y ver cómo el Señor dulcemente nos proveía a través de ella. Nos ayudó a aliviar el dolor y le dimos gracias al Señor por ella.

La cosa más difícil que he hecho en mi vida

En la vida me ha tocado pasar por cosas físicas y emocionales extremadamente dolorosas. Verá, tengo un problema debido a la resistencia parcial con la anestesia. He sido sometido a un tratamiento de conducto y a una vasectomía donde la anestesia falló al no hacer efecto en mí. He sufrido dolor que me ha llevado a estar cerca de convulsionar, lo al ser repetitivo me puso en estado de shock. Pero si alguien me preguntara que cuál ha sido la cosa más dolorosa que he experimentado, tendría que decir, que fue cuando me tocó hacer los arreglos para el funeral de mi hijo; dos días después de nacido.

Me senté en la oficina del director de la funeraria, el cual era cristiano, y con paciencia y amorosamente me hizo las preguntas necesarias las cuales respondía entre sollozos. En esta sección, me demoré casi veinte minutos mientras terminaba de firmar los papeles correspondientes. Pero sólo cinco de estos veinte minutos fueron los utilizados para hablar. Cuando terminamos, me sentí como si me hubieran golpeado incansablemente. Me sentía muy mal, pero por la gracia de Dios, Debbie estaba conmigo ya que mi esposa se había quedado en casa con nuestra hija. Me llevó de regreso a casa y el recuperarme parcialmente tomó varias horas.

El nacimiento

El nacimiento es algo maravilloso. La primera vez que vi a mi esposa dando a luz, no podía creer lo que estaba viendo. El cuerpo de ella cambió, se movió, fue levantado y después de horas de agonías rítmicas, finalmente, dio a luz a nuestra primera hija. Estuve asombrado y dichoso al mismo tiempo con lo que estaba viendo. Allí estaba yo, mirando solamente a mi esposa en forma inocente la cual había pasado gran sufrimiento para traer vida a este mundo. Ella era increíble. Ella era una mujer. Me sentí culpable por no poder compartir su dolor. Todo lo que podía hacer era hablarle, animarla, estar ahí y ayudarle en todo aquello que era posible. Pero no era yo; era ella…y el bebé. Esto me cambió permanentemente y cambió mi perspectiva acerca de las mujeres para siempre. Allí estaba ella, la madre de mi hija, dándole pecho a través de su cuerpo. Estaba silencioso y humillado por lo que estaba viendo.

El nacimiento de Jacob no fue menos asombroso y maravilloso. Mi esposa sufrió las mismas agonías que la primera vez. Hice lo mejor que pude para ayudarla, pero ambos sabíamos que Jacob no duraría y que lo tendríamos sólo por unos pocos momentos.

Jacob, salió a este mundo e inmediatamente el doctor se lo pasó a mi esposa. Lo escuchamos buscando aire después de lo cual se silenció. No hubo llanto de bebé. Sólo un silencio total. Lloramos. Jacob estaba recostado en el pecho de mi esposa y después de unos minutos dejó de moverse. No había nada que pudiéramos hacer. Debbie, la enfermera, quien había permanecido con nosotros todo el tiempo, tomó a Jacob en sus brazos, lo acostó en una pequeña cama portátil y escuchó su corazón. Era lento. Recuerdo que la miré a los ojos.

Le llevó poco tiempo a Jacob morir. Pero antes de dejarnos, yo tomé el estetoscopio y escuché el latir de su corazoncito. Poco a poco disminuía hasta que finalmente escuché su último latido. Se había ido.

El funeral

Como declaré anteriormente, no teníamos dinero y el funeral tenía gastos que cubrir. No teníamos nada, pero el Señor proveyó. Las personas de la iglesia vinieron a cubrir los gastos del funeral. Pudimos traer a un músico cristiano para que cantara y más de 120 personas se presentaron ese día. Un profesor amigo mío del seminario hizo el servicio y le predicó a los presentes. Una cantidad de personas no creyentes escucharon el evangelio. Era un buen momento; tan bueno como el que Ud. puede tener en una situación como estas.

Un hombre, el cual no reconocí y que estaba vestido con ropas de trabajo, se acercó a mí al final del funeral cuando todavía había personas pululando alrededor. Se presentó. Venía de otra iglesia en la que yo había predicado hacía seis meses. Ellos habían escuchado de Jacob. Me extendió un cheque por valor de $1.000 y me dijo que querían ayudar con los gastos del funeral.

Jacob ahora tenía una lápida.

¿Con qué me dejaron?

Mi esposa y yo tenemos una fotografía de Jacob, y un marco en el que se encuentran las huellas de sus manos y pies. Tenemos un hijo con el Señor y esperamos encontrarnos con él algún día. Esto me hace sonreír.

He escuchado decir que alrededor del 70% de los matrimonios terminan en divorcio cuando está involucrada la muerte de un hijo o hija. No sucedió así con nosotros. Mi esposa y yo crecimos más cerca uno del otro y también en el Señor porque Su provisión a través de la terrible experiencia, nos llenó del amor y cuidado que necesitábamos, y la paz llenó nuestros corazones durante todo el proceso. Estoy muy agradecido por esto. Debido al funeral, ambos pudimos darle nuestra despedida a Jacob y terminar esto en forma correcta. En lo absoluto tenemos ninguna clase de remordimientos.

El Señor nos dejó con una extraña paz. No puedo explicarlo, pero el hecho de haber llevado a cabo las cosas correctamente nos dio paz y lo más importante; paz con Dios. No solo miro atrás con dolor pensando en ese tiempo tan difícil sino también lo miro con agradecimiento. Si pienso demasiado en éste, me duele, pero no es el dolor lo que más recuerdo. Para nada. Recuerdo la amabilidad de las personas, su apoyo, el amor por nuestro hijo, la provisión de Dios, creó lazos afectivos más fuertes con mi esposa y mucho más. Como ventaja, mi esposa ha podido sentarse con mujeres que han tenido el mismo problema con sus bebés y ha podido ser una torre de fortaleza y amor para ellas.

Si hubiéramos abortado a Jacob hubiera sido lo más fácil, pero me hubiera quedado el sentimiento de culpa y le habría quitado al Señor la oportunidad para sanar. Aún cuando Él decidió no sanar a Jacob, Dios suministró paz, esperanza y amor a través de todo el proceso. No tengo nada de que sentirme culpable. No trato de jugar ninguna clase de juego psicológico para “mantener mi sanidad”. Nunca pienso si hice lo correcto ni tampoco tengo que evitar el recordar a Jacob porque esto sea doloroso. Pero de lo que sí estoy seguro es que estas cosas me ayudan para amar a otros debido al amor que recibí. Y las uso para poder apreciar más los hijos que tengo. También  para ayudar a recordarme cuánto me ama Dios, aún cuando no entiendo por qué permitió que pasáramos por todo esto.

Ahora amo más a mi esposa. He ganado un mayor respeto hacia ella, y estoy orgulloso de estar casado con una mujer con tal clase de fortaleza, con convicciones devotas por las que escogió vivir en vez de dejarlas a un lado cuando estas se convertían en cargas.

En corto tiempo he visto cuán bendecido soy.

Espero que esto le ayude a Ud. para ver que no todo está perdido cuando se trata de un bebé deformado. Dios lo puede bendecir a través de todo el proceso y mostrarle que Él Mismo es más que real.

 

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