¿Son arbitrarias nuestras escogencias?

Por Daniel Spratlin

Aquellos que desean defender una y otra vez el libre albedrío libertariano contra una posición como el calvinismo, con frecuencia, intentan hacerlo sobre la base estrictamente filosófica, en lugar de una base exegética. Se afirma a menudo que el determinismo de cualquier clase y que en este caso y por el bien del argumento, incluye lógicamente el calvinismo, se opone al libre albedrío que supuestamente poseemos. Entonces, el indeterminismo debería ser el caso. Por lo tanto, y como hay libre albedrío libertario, el indeterminismo es verdadero y el calvinismo es falso.

Note que se asume la inconsistencia entre el libre albedrío libertariano y el determinismo. La suposición podría darse por sentada como definición. También note que el libre albedrío libertariano es, simplemente más que probado, asumido. Se podría también fácilmente afirmar, que si el calvinismo es verdadero, entonces, el libre albedrío libertariano es falso. Con frecuencia, y para ser justos, se presentan argumentos para tratar y apoyar la premisa de que hay libre albedrío libertariano, el cual toma, generalmente, la forma de reductio ad absurdum. Estos argumentos no serán discutidos aquí. Más bien, el concepto mismo del libre albedrío libertariano será brevemente examinado.

Aparentemente, y por su misma definición, el libre albedrío libertariano tendría lo que el indeterminismo logra. Sin embargo, si el indeterminismo es el caso, entonces, las escogencias que hacen las personas no están determinadas en ningún sentido por las personas que las hacen. Por lo tanto, las escogencias son arbitrarias. Se podría refutar que mientras las opciones/elecciones no están determinadas, estas son todavía influidas por factores como el carácter o las emociones del agente que hace las elecciones y por lo tanto, estas no son arbitrarias.

Sin embargo, si los factores antes mencionados, como el carácter y/o las emociones, no determinan las elecciones sino solo las influyen, entonces las personas podrían todavía tomar decisiones contra sus inclinaciones. Si las personas pueden escoger, aun contra sus inclinaciones, la objeción entonces es obsoleta, debido a que las escogencias reales que las personas toman no están todavía, afectadas necesariamente en ningún sentido, por las personas que las toman. El mismo problema de arbitrariedad, mencionado anteriormente, sigue siendo un problema.

Tal vez lo que quiere decir quien hace la objeción, es que nuestras escogencias están delineadas por las influencias anteriormente mencionadas. En este caso, una escogencia se hace entre opciones sin excluir los factores que “influyen” a las personas a tomar decisiones. Sin embargo, y una vez más, no hay forma de revelar en cómo los factores influyen entre las escogencias reales y las opciones restantes. Aparentemente, las escogencias están todavía separadas de las personas al “tomar” decisiones, regresando de esta manera al mismo problema de la arbitrariedad.

 

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