Transubstanciación y 1ª Corintios 10:16

Por, Luke Wayne
23 de enero de 2017

De acuerdo a la iglesia católica romana, el pan y el vino de la comunión se convierten verdaderamente en la carne y la sangre del cuerpo humano actual de Jesús al momento en que el sacerdote los bendice durante la celebración de la misa. Esta doctrina es conocida como “transubstanciación”. Algunas veces la iglesia romana defiende esta doctrina recurriendo a 1ª Corintios 10:16:

  • “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre del Mesías? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo del Mesías?”.

Ellos entienden que esto significa que después de que el pan (la hostia) y la copa han sido formalmente bendecidos y al participar de la comunión, ellos literalmente se comen el cuerpo físico de Jesús. Irónicamente, esto es exactamente lo contrario a lo que el texto significa. Al leer el pasaje de forma completa, éste dice:

  • “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. 15 Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17 Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. 18 Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar? 19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? 20 Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. 21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. 22 ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?” (1ª Corintios 10:14-22 – RV60).

Pablo dice que los cristianos comparten el cuerpo y sangre de Cristo al comer la comida de la comunión de la misma forma como los israelitas comían la carne del sacrificio llevado a cabo en el altar. Note que Pablo no dice que compartimos el cuerpo de Cristo de la forma como el israelita comparte el cordero; más bien, compartimos el cuerpo de Cristo de la forma en que el israelita comparte en el altar. La carne que el israelita come en casa lo conecta con lo que sucedía en el altar, pero la carne no es el altar. Un israelita no va a casa a comer pedazos del altar. En este pasaje, Pablo no compara el cuerpo de Cristo al mismo sacrificio, el cual come el israelita, sino lo compara al altar, del cual el israelita no come. De hecho, el altar no está literalmente presente cuando el israelita come en casa. El israelita comparte en el altar por extensión a través  de comer el sacrificio, el cual no es en sí mismo el altar.

Pablo continúa hablando de aquellos que comen a lo sacrificado a los ídolos; de hecho, esto es lo que este pasaje está tratando. Pablo explica que tales hombres al ofrecer a los demonios, comparten con ellos. El tema no es compartir en el sacrificio o aun con el ídolo, más bien es el participar con los demonios. El sacrificio no es en algún sentido el cuerpo de un demonio, ni es tampoco el ídolo. El pasaje es claro en esto cuando declara: “Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios”. Aquellos que participan en fiestas idolatras no están compartiendo con demonios ya que la comida misma es en realidad parte del demonio. La carne es nada. Aun el ídolo o la estatua de un llamado dios a quien se le ofrece la comida, es nada. Los demonios llamados dioses engañan a las naciones gentiles perdidas. Participar en sacrificios de adoración pagana es compartir con demonios que son los objetos reales de esa adoración. Realmente ni el sacrificio ni el ídolo son algo. Sin embargo, ellos representan la realidad de la influencia demoniaca detrás de tales actos idolatras.

Pablo, de forma clara cuando habla de “participar” con los demonios no quiere decir “comérselo literalmente”. Lo que cada uno de estos ejemplos tiene en común es que una persona al comer de lo sacrificado, está compartiendo una cosa que no es directamente la cosa la cual la persona está compartiendo. En el contexto de este pasaje, “partícipes” es participar por extensión, ya sea en el cuerpo y sangre de Cristo, en el altar santo, o en los demonios. De hecho, ¡esta es la única forma de dar sentido al punto de Pablo! Él está explicando que la comida ofrecida a un ídolo es nada en sí misma, y aun así, una persona no la debe consumir.

  • “No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios, no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios” (1ª Corintios 10:21).

Cuando seguimos verdaderamente el argumento de Pablo, no tiene sentido si Pablo está diciendo que el pan y la copa son sagrados porque son, de hecho, literalmente, la carne y la sangre del cuerpo humano de Jesús. En ese caso, no hay comparación entre compartir el cuerpo de Cristo al comer la carne real de ese cuerpo y supuestamente compartir con los demonios al comer carne animal que es solo carne de animal y no tiene nada que ver con el demonio real. El punto de Pablo sólo continúa si el pan y el vino no son literalmente la carne y sangre física de Jesús. Sólo entonces existe una verdadera analogía para hacer entre la cena del Señor como la mesa de Cristo y la idolatría como la mesa de los demonios.

 

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