Transubstanciación y Juan 6:51-55

Por, Luke Wayne
20 de enero de 2017

La doctrina católica romana de la transubstanciación enseña que el pan y el vino de la cena del Señor se transforman literalmente, aunque en forma invisible, en la carne y sangre real del cuerpo humano de Jesús. Así, estos elementos se consideran objetos de adoración apropiados, ya que se piensa que son Dios mismo presente físicamente. También son un medio sacramental de obtener la gracia de Jesucristo para los fieles católicos romanos que participan de ellos.

Tal vez, el texto principal al que los católicos romanos apelan para defender esta doctrina es, Juan 6:51-55:

  • “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Y ciertamente, el pan que Yo daré por la vida del mundo es mi carne. 52 Entonces los judíos discutían unos con otros, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53 Así que Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: A menos que comáis la carne del Hijo del Hombre y bebáis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que mastica mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero. 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida”.

Ellos argumentan que Jesús claramente afirma que usted debe comer, literalmente Su carne y sangre para obtener vida eterna y que esto, se refiere al pan y al vino de la comunión que Jesús instituiría posteriormente. Sin embargo, si uno fuera a aceptar esta interpretación tendría que significar que cualquiera que realice el acto físico de comer los elementos de la comunión se le garantiza totalmente la vida eterna. Note una vez más que Jesús dice:

  • “El que mastica mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero” (Juan 6:54).

Inmediatamente después, Jesús agrega:

  • “Como me envió el Padre viviente, y Yo vivo del Padre, de igual modo el que me mastica, también él vivirá de mí” (Juan 6:57).

Cualquier cosa que signifique comer a Jesús, comer Su carne y beber Su sangre, a quien lo hace, se le promete la vida eterna y la futura resurrección. Jesús, enviado por el Padre, afirma que cualquiera que lo coma a Él vivirá. Una vez más, todo aquello que Jesús quiere dar a entender con que todo aquel que lo “coma”  a Él, tiene vida eterna. Garantizado. Sin embargo, el catolicismo romano niega tal garantía.

De igual manera, si alguien no come Su carne y sangre ellos no tendrán vida eterna:

  • “Así que Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: A menos que comáis la carne del Hijo del Hombre y bebáis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53).

Si esto se refiere a comer físicamente el cuerpo humano de Jesús en la forma de pan y vino en la comunión, entonces, también termina diciendo más de lo que la moderna iglesia católica romana intenta. El hombre que realmente se arrepiente y cree en Cristo pero muere antes que haga su primera misa católica todavía está destinado al infierno. Así también con los fieles protestantes que participan de la comunión sin un sacerdote católico para realizar el milagro de la transubstanciación, están igualmente destinados al infierno, ya que los elementos de comunión en el romanismo no se han transformado en el cuerpo literal y la sangre de Cristo. Por lo tanto, la lectura de este pasaje demandaría que todos los que realizan el acto físico de comer el pan y el vino en una misa católica serán salvados, más todo aquel que no coma estos elementos puede ser condenado. La salvación, por lo tanto, se basa en la realización de un ritual más que en la fe en Cristo o en el arrepentimiento del pecado, lo cual sería contrario a todo lo que la Biblia enseña. Sin embargo, una mirada rápida al contexto, demuestra que esto no es lo que Jesús tenía en mente cuando dijo a los hombres que comieran Su carne y bebieran Su sangre.

Un tema consistente que se sucede a lo largo del evangelio de Juan, es el uso por parte de Jesús de las analogías para expresar Su propósito; de otro lado, están las personas que fallan en entender el punto de Jesús al tomar tales imágenes literalmente. Por ejemplo:

  • En Juan 2:18-22, después de expulsar a los cambistas del templo en Jerusalén, Jesús les dice a Sus acusadores, “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. Ellos pensaron que se refería al templo construido, pero Él hablada del templo de Su cuerpo.
  • En Juan 3:1-18, Jesús le dice a Nicodemo que debe “nacer de nuevo”. Nicodemo cree erróneamente que Jesús estaba hablándole de su nacimiento literal; pero Jesús realmente está hablando de la regeneración por el Espíritu y la vida eterna a través  de la fe.
  • En Juan 4:7-14, Jesús le dice a la mujer samaritana que ella debería estar buscando el agua de vida que sólo Él puede dar. Ella piensa que Jesús se refiere literalmente al agua. Él explica que es sobre la vida eterna después de la regeneración.
  • En Juan 4:31-38, Jesús les dice a los discípulos que Él tenía una comida que comer, la cual ellos desconocían; pero ellos pensaban que era una comida literal. Él explica que Su comida es hacer la voluntad del Padre que lo envió y terminara así, Su obra, es decir, lograr la salvación de muchos incluyendo los samaritanos, y posteriormente los gentiles.
  • En Juan 7:37-39, Jesús dice: “¡Si alguno tiene sed, venga a mí y beba!”, y que del vientre de aquel que beba de Él, “fluirán ríos de agua viva”. El pasaje es claro en cuanto a que está hablando de venir a Él en fe y ser hecho una nueva criatura al recibir el Espíritu Santo para regeneración.

Podría mencionar más ejemplo. Sin embargo, estos son suficientes para demostrar que Juan 6 introduce una serie larga de episodios donde Jesús usa imágenes físicas de una realidad espiritual –en su mayoría relacionadas a la fe, la regeneración por el Espíritu y el darles vida eterna a aquellos que creen en Él. Muchas de estas imágenes involucran comparaciones de comida y bebida. Cuando llegamos a Juan 6, encontramos a Jesús diciéndole a una multitud que ellos deben comer Su carne y beber Su sangre para que tengan vida eterna. Si ellos tomaran las palabras de Jesús literalmente se asombrarían, y la suposición más obvia sería la de que han entendido mal a Jesús ya que Sus palabras son sólo representativas y apuntan a otra cosa. Esto sería consistente con el resto de la narración de Jesús. En la vida de Jesús, estos son el tipo de acontecimientos que enfatizan uno o más puntos. Cuando leemos el pasaje, esto es precisamente lo que encontramos.

Después de alimentar a los 5.000, las multitudes siguen a Jesús con la esperanza de ser alimentados una vez más por los milagros de Jesús. Él les dice:

  • “Les respondió Jesús y dijo: De cierto, de cierto os digo: Me buscáis, no porque visteis señales, sino porque comisteis de los panes y os saciasteis. 27 ¡Trabajad!, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a Éste selló Dios el Padre. 28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios? 29 Respondió Jesús, y les dijo: Ésta es la obra de Dios: que creáis en el que Él envió” (Juan 6:26-29).

Jesús nos dice anticipadamente –sobre lo que les ordena a ellos– que vengamos a Él en fe antes que buscar, literalmente, la comida física. Ellos le preguntan a Jesús usando la palabra plural “obras de Dios”, pero Jesús les responde usando la palabra “obra” en singular: “Ésta es la obra de Dios: que creáis en el que Él envió”. Jesús continúa explicando:

  • “Jesús les dijo: ¡Yo soy el pan de la vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás!” (Juan 6:35).

Usted participa de Jesús como el pan de la vida al venir a Él y creer en Él. Es por fe en Cristo que alguien dejará de estar hambriento y sediento. Jesús está usando la imagen de la comida, pero Él está hablando de venir a Él en fe, como Jesús mismo dice claramente unos versículos después:

  • “Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40).

Jesús promete vida eterna y resurrección futura, a “todo el que ve al Hijo y cree en Él”. Esta es la realidad literal a la que corresponde la analogía de Su comida. En la medida en que seguimos leyendo, Jesús explica esto otra vez:

  • “Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que quien coma de él no muera: 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Y ciertamente, el pan que Yo daré por la vida del mundo es mi carne” (Juan 6:48-51).

Jesús declara en el versículo 40, que todo aquel que “cree en Él, tenga vida eterna…” Continúa diciendo: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que quien coma de él no muera”. Observe cómo esto se asemeja a la conversación anterior de Jesús con la mujer samaritana:

  • “Le dice: Señor, ni vasija tienes, y el pozo es hondo. ¿De dónde pues, tienes el agua viva? 12 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Jacob que nos dio el pozo, del cual bebió él, y sus hijos, y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed, 14 pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se hará en él una fuente de agua que brota para vida eterna” (Juan 4:11-14).

Jesús está comparando el comer y beber físicamente, que sólo puede sostener temporalmente, al don de vida que Él da por el Espíritu, el cual es eterno y satisface plenamente. Jesús no le estaba diciendo a la mujer que bebiera físicamente algún líquido particular que Él le daría, ni tampoco le estaba diciendo a la multitud que comiera literalmente Su cuerpo humano. Él estaba usando imágenes para ilustrar el hecho de que la regeneración y la vida eterna encontrada en Cristo a través  de la fe, satisfacen y sostienen como ninguna comida o bebida haría. Jesús está hablando acerca de venir a Él en fe para recibir vida eterna a través de Su muerte y resurrección. Así como Jesús también le explica a Nicodemo anteriormente:

  • “para que todo el que cree en Él tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió al Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de Él. 18 Quien cree en Él, no es juzgado; el que no cree, ya ha sido juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:15-18).

El evangelio de Juan nunca se enfoca en la comida de la comunión. Incluso en el relato de Juan de la última cena, no se menciona el discurso de Jesús sobre el pan y la copa. Ese no es el enfoque de Juan. En cambio, como Él explica:

  • “Y habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos, al ver al Señor, se regocijaron. 21 Así que les dijo otra vez: Paz a vosotros: como el Padre me envió, Yo también os envío” (Juan 20:20-21).

Juan tenía un enfoque muy específico escogiendo registrar de la vida y enseñanza de Jesús. Su enfoque es que el lector tendría vida al creer en Jesús. Este es el mensaje que fluye a través  de todo el evangelio. En Juan 6, Jesús no estaba hablando sobre el ritual de la cena del Señor. Él estaba hablando sobre la vida eterna en el Espíritu a través de la fe en Cristo Jesús. Él mismo lo dice al final de este pasaje:

  • “El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha nada. Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).

Lejos de enseña la transubstanciación, Juan 6:51-55 ni siquiera está hablando sobre el pan y el vino. Cuando Jesús dice: “si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Y ciertamente, el pan que Yo daré por la vida del mundo es mi carne”. Él está hablando acerca de darse Él mismo en la cruz, y el comer “de este pan” es venir a Él por fe. Cuando Jesús dice: “El que mastica mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero” (v. 54), está simplemente repitiendo lo que dijo en el versículo 40: “…que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero”. “comer” a Jesús, o “beber” de Jesús, es venir a Él en fe. Este es el punto que Jesús estaba haciendo. En Juan 11:25, Él dice:

  • “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”.

 

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